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LETANIA DE LOS SOLTEROS/   trisagio del soltero de vargas vil


Todos con gran devoción y esperanza de salvarnos
recemos esta oración por si quieren escucharnos.
Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Si de penas los solteros quisierais veros librados
escuchar con atención las quejas de los casados.
Pues son cosas tan horribles que parecen del demonio,
las que sufren los idiotas que entran en el matrimonio;
y si metemos la pata ya no podremos quejarnos....


Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.


¡Oh, qué tormentos más crueles para los pobres casados...
.. esa sucesión continua de los días de mercado,
con la bolsa de la compra y los bolsillos pelados;
tal vez a pasar vergüenza porque no quieran fiarnos!

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Tal vez volver a la casa donde espera la mujer
y los mocosos llorando... y estando todo tan caro;
es mejor morir solteros que a esas penas arriesgarnos.

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

¡Oh, qué suplicio, qué pena, qué dolor ver la tormenta
de pagos a fin de mes, de gas, de agua, de sirvienta,
del alquiler de la casa que, aunque es un recibo sucio,
hay que correr a pagarlo por temor al desahucio!


Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Antes que esposa y mujer del matrimonio el ara
preferimos aguantar un cuchillazo en la cara,
cólera, peste o tifus que nos despachara,
o quedar bajo un camión de recoger con cuchara.
Eso sin vagos recelos y sin temor enviarnos...

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Antes que el yugo de esposa, la soga del ahorcado,
el cadalso es poca cosa, ¡el martirio del casado!
Las siete plagas de Egipto mejor es mil veces, mil,
piojos, acné juvenil, la sarna... todo es poquito
antes que ir al mercado, porque es oficio de asnos.

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Antes que dulcimeneo sufrir mil cosas malignas,
o que nos piquen las pulgas en las partes más indignas,
y causen escaldaduras que tengamos que ir gateando,
o que andemos con muletas antes que el cura nos rece
del matrimonio los salmos.

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Antes de oír calladitos la Epístola de San Pablo,
que nos persiga algún duende o que nos tiente un diablo.
Que una bruja nos asuste y no nos deje dormir,
y que un fantasma nos corra aunque nos haga morir,
pues todo esto es preferible que a una mujer obligarnos.


Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.



Más bien que esposa un laxante que nos saque hasta la lengua,
un pisotón sin calmante, un viaje a pie de cien leguas,
un catarro, mucha tos, el dolor de siete muelas,
nueve años de hospital, que nos declaren en quiebra;
esas insignificancias mejor que mujer enviarnos.

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Antes que esposa una chiva que nos parta por el eje
y que tendido nos deje bien feos patas arriba,
destripados, boquiabiertos y con los ojos volteados,
los intestinos salidos y los calzones rajados.
Danos, mi Dios, todo esto, más nunca jamás casados.


Santos que estáis en los cielos, del matrimonio librarnos.

Y, por fin, santos devotos de Nuestra Madre María,
dejadnos en soltería hasta los tiempos remotos
en que ya de puros viejos y con los calzones rotos
nos caigamos en la tumba o nos mate un terremoto.
Llenos de satisfacción queremos así acabarnos...

Santos que estáis en los cielos, del matrimonio libradnos.


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